Emitido en program del 7/4/2.006.
HolaJosé María, aprovechando la calidad de la propuesta de tu programa quierocontarte la historia de un reencuentro conel amor entre dos personas maduras, María y Antonio. Y me trae el recuerdo, quehace unos días escuché el tango Nada, cantado por Julio Sosa.
Lahistoria en sí transcurre en el barrio de Boedo de la ciudad de Buenos Aires.Allí vivían María y Antonio, dos jóvenes mozos, que habían decidido unirse comonovios con todas las formalidades de aquellas épocas de flores y bombones,habiéndose prometido amor para siempre, porque la sinceridad de los corazonesde ambos, se lo pedía, solo los separaban unas cuantas cuadras entre la casa decada uno.
Antonioera un joven trabajador textil y María una estudiante, muy respetuosa de sufamilia integrada por ella, su madre y su padrastro.
Despuésde pasado un tiempo y cuando el noviazgo de María y Antonio comenzaba a tomarrumbo al matrimonio, Antonio como siempre a las siete de la tarde de un sábadojustamente en la fecha del cumpleaños de María, ansioso traspasó la puerta dereja de entrada de la casa de la familia de su novia. Puso atención en lasflores de magnolias y hortensias que abundaban en el jardín de su futura suegra,pero para él no había otra flor más bella que su amada María.
Ademásde la ansiedad, llevaba consigo la ilusión de escuchar el sí de María alproponerle casamiento; el ramo dedieciocho rosas blancas, una caja de té en saquitos, masas finas y una ampliasonrisa que iluminaban las veredas sombreadas por los plátanos de la calle JoséMármol.
Maríaesperaba sentada en la cama de su habitación oyó primero el toc toc de lamanecilla de hierro golpeando la madera gruesa y luego el chirrido de las dosinmensas hojas de la puerta principal dela casa; además del murmullo de dos personas que se saludaron muy amablemente.
Asíesperó pacientemente que alguien le avisara la llegada de Antonio, sin que lanoticia le llegara. Decidió bajar, pero solo los rayos de luces que atravesabanlos ventanales se encontraban en el salón principal de la casona, dejando verclaramente la puerta cerrada al mundo.
Maríaesperó inútilmente la visita de Antonio, a quien no volvió a ver, tampocorecibió el semanal mensaje del papel que descuidadamente su novio dejaba caer aun costado de la pared del jardín. Ese pedazo de hoja que contenía las palabrassecretas de un amor puro y virginal; testigo mudo de las declaraciones deafirmación del romance de dos jóvenes.
María,se casó con José por pedido de su madre y se mudó a Almagro, otro barrio deBuenos Aires y tuvo una hija y un hijo, hoy él es un profesional y ejercebrillantemente en el sur de la provincia de Buenos Aires.
Elmatrimonio de María duró seis o siete años, hasta que enviudó. Luego vino lamuerte de su padrastro y después la de su madre.
Undía como cualquiera otro, pasado cincuenta años, María paseaba tranquilamente por Avenida de Mayo y de repente encontrófrente a su vida al hombre que el día de su cumpleaños había dejado devisitarla. Antonio, también se dejó llevar por el asombro de ver a la mujer quehabía marcado su corazón como el amor primero. Pero más pudo el deseo de pediry dar las explicaciones que habían quedado pendientes, todo como si el tiempono hubiera pasado y lo ocurrido tan solo había pasado ayer.
Antonio,le explicó a María que ese último día cuandofue a visitarla su padrastro le había pedido que no la molestara más, que Maríaera la amante perfecta que nunca había tenido en su vida. Que eso y nada máshabía sido la causa de su dolor permanente. Y que todos los 22 de noviembrefecha de cumpleaños de María sentía que su corazón se estrujaba en lágrimas, yque más de una vez había pasado por el frente de la casa de la calle JoséMármol, donde ya no estaban más las hortensias y las magnolias. Que en su casatodavía estaban guardados dos anillos que iban a usar en el matrimonio.
Nobastaron más palabras para que los ya dos ancianos decidieran buscar elreencuentro de ese tiempo que habían perdido por infamias.
Antoniotambién se había casado y de su matrimonio habían nacido dos hijos un niño yuna mujer.
Elcafé Tortoni, fue el testigo semanal del reencuentro del amor en la madurez deAntonio y María. Siempre, los viernes y sábado a la siete de la tarde. Losotros días de la semana, Antonio le regalaba a María una serenata por teléfono,le hacía escuchar el tango Nada.
Solodos años duró el reencuentro amoroso. Antonio comenzó a padecer una parálisisen su cuerpo que le impedía hablar o caminar para encontrarse con su amorreencontrado y una vez a la semana,marcaba el número del teléfono de la casa de María, y le hacía escuchar eltango de siempre. “nada nada queda en tu casa natal, solo telarañas que creceel yuyal, y el rosal….”.
HoyMaría, sigue esperando el llamado de Antonio para escuchar su tango y espera;por que la campana del teléfono no la invita a descolgarlo y poder escuchar delotro lado ese tango que es para ella el latido del corazón del hombre que lasupo acurrucar en sus brazos y recibir las primeras caricias y le enseño que elamor es perdurable en el tiempo.
Charlandocon doña María que tiene ochenta y dos años, me cuenta que en caso de saber que“su” Antonio estuviera muerto, no lo visitaría en la tumba aún si supiera dondeestá sepultado. Ella prefiere recordar a Antonio como fue en vida y que semantenga la ilusión de que aún vive y que él la recuerde siempre, más allá deno poder hacerle escuchar el tango que los dos habían adoptado como su canción.
María,actualmente no sabe si Antonio vive o ha muerto, pero no deja de seguiresperando el llamado, por que cree que el misterio del amor es mayor que elmisterio de la muerte.
JoséMaría, te cuento que la historia es real y los nombres los he cambiado parapreservar la identidad de las dos personas y también de los hijos y nietos deambos. Los lugares donde transcurre esta historia si son reales.
Te agradezco por el tiempo y suerte.
Emitido programa14/5/2.006.
Estahistoria nace hace casi dos años que con mi mejor amigo M, no nos hablamos. Nos conocimos cuando los dosteníamos doce años, o sea hacen ocho cuando llegamos a Chilecito con mifamilia, por razones de trabajo de mi viejo, él, M, es de acá.
ConM, desde siempre nos llevamos muy bien. Empezamos siendo amigos de la escuela y también en el instituto cuando estudiábamosidioma.
Fuimoscompañeros de aventuras en esas calientes siestas del verano, de las huidas ala pileta del club y a la noche en los videos juegos. También de las visitas anuestras casas, tanto es que un verano sus padres lo dejaron irse de vacacionesa Rosario donde están mis abuelos. Muchas veces hemos pasado fines de semanavisitándonos en nuestras casas o también de prestarnos la ropa.
DeM, todavía guardo el mejor de los recuerdos de la infancia que pasamos juntos,de las macanas de romper un vidrio y escaparnos, o el si no te das cuenta “tejodés” y es nada más y nada menos que tocar el timbre en las casas del centro ysalir corriendo, y muchas veces uno de los dos quedaba expuesto al insulto delos dueños de casa; y el recuerdo tambiénde los partidos de fútbol.
Másadelante, ya entrados en edad, compartimos la curiosidad de los primeros pelosen la cara y en otras partes de nuestros cuerpos.
Hansido los mejores años de mi vida y creo que él sabe que esa época ha sido lanuestra, y por que había creado un fuerte lazo de amistad, y que cuandoestábamos juntos el mundo era solamente para nosotros dos.
Unade las tantas veces que teníamos un partido de fútbol, por primera vez noshemos enfrentado en equipos diferentes. Allí tuve la mala chance de golpear a M,y que con tanta mala suerte cayó al piso golpeándose la pierna. Inmediatamenteme arrimé a darle ayuda.
JoséMaría, en ese momento nuestras miradas se cruzaron directamente y en míinterior recorrió una sensación rara y que hasta hoy no puedo saber como lomiré, pero si sé que él me miró de una manera distinta como lo había hechosiempre. Si sé, que no era una mirada de bronca. M, se levantó y seguimos jugando el partido. Después yo lobuscaba siempre en su casa o lo llamaba por teléfono, pero siempre me evadía.
Tuveun dolor inmenso por la actitud incomprensible de mi mejor y querido amigo. Undía me lo encontré en la puerta de su casa y me pidió que no lo viera ni lohablara más, y me explicó solamente que no era bronca por lo del partido defútbol. Que él se había dado cuenta de algo y que no quería decírmelo en esemomento.
HoyM, está viviendo en La Riojacasi todos los meses del año, por que allá estudia. Los otros días lo encontréacá en Chilecito, a una cuadra de laplaza, venía caminando, nos miramos a los ojos y se cruzó de vereda, venía consu novia de La Rioja. Susojos me convencieron que no me odia y que todavía hay cosas muy profundas quenos unen.
Yonunca lo olvidé y no sé si eso va ocurrir algún día, porque mi cariño aún siguelatente y sigo esperando su visita o que me llame para invitarme a su casa. Yosigo solo, a pesar de mis veinte años, no intenté hacer mi vida como él lo hizo.
Mifamilia tuvo que trasladarse al sur del país también por trabajo de papá.
Enmis recuerdos siempre le deseo a mi amigo M, la mejor de la suerte en su vida.
Gracias y ojala M, esté escuchándote. Chau José María, muy bueno elprograma. Alguna vez te voy a volver a escribir.
A. L. B.
emitIDO 14/5/2.006.
JoséMaría escuché por casualidad el programa cuando leías la carta que te envióSoledad, hablando de Jeremías. Tengo queconfesar que me conmovió alegremente hasta llorar.
Soyuna mamá soltera que perdí a mi único hijo de 21 años, hacen 7 años después deuna triste y penosa enfermedad.
Elamor todo lo puede.
Elamor entre amigos, el amor de padres e hijos y también entre hermanos. Nuestroshijos son un acto bendito y divino. Los hijos son el motor de nuestras vidas yel amor para ellos es único.
Sime permitís podría decir que me imagino el concepto del amor que Jeremías hagenerado en su familia y así lo dice Soledad.
Quemás podría ser, si nos basamos en el amor puro de un niño a su hermana y a supadres?
Bienlo dice Soledad, que Jeremías es un ángel casi perfecto, pero yo le agrego quelos niños son ángeles perfectos, solo que sus alas son invisibles.
GraciasJosé María y te felicito por tu programa.
María del Valle. Chilecito.
Emitido 14/5/2.006.
CreoQuerida Soledad que sos muy jovencita y que eso potencia sustancialmente tuactitud con tu hermanito.
Soypadre de tres hijos, de 21, 17 y 11 años. Puedo decirte que los hijos son unabendición para los padres. Dios nos los entrega y nosotros tenemos laobligación divina y natural de recibirlos, criarlos, cuidarlos, amarlos yprepararlos para la vida.
Muchoscreen que un niño con un problema de salud es una cruz o un castigo de Dios.Vos dejás entrever que el amor supera todo y está muy por encima de todas lascosas mundanas o materiales a las que nos atamos los seres humanos.
Estoyde acuerdo con vos que la esencia del amor está en el corazón y partiendo deallí todo se puede hacer.
Nodudes Soledad, vos ni tampoco tus padres que Jeremías, es una gran bendiciónpara toda la familia. Ámenlo como hermano e hijo, hagan recíproco el amor queél les entrega todos los días.
Porlo de travieso e inquieto, todos fuimos niños alguna vez, y quien no se mandóuna gran macana? O ahora que somos adultos y nos creemos los “ LOS NORMALES”?.
Tehago llegar el cariño de mi familia, por saber que hay jóvenes como vos conaltos valores humanos, muy difícil de encontrar en la juventud de hoy.
Daleun beso y un fuerte abrazo a Jeremías de nuestra parte y decile que acá haygente que ojala pueda tenerlo de pasajero en nuestro auto para salir de paseo yhacernos amigos.
Juan Carlos, Barrio Avenida, Chilecito.
Emitido programa 7/5/2.006..
Comote va José María?, que lindo tu programa ¡!.
MIhistoria de vida es mi hermanito de cuatro años, Jere, es un sol. Yo tengo 20años y lo amo. Cuando el nació el 9 de septiembre, nos vimos doloridos porsaber que tenía un problema en su salud, es down.
Conel paso de los años, Jeremías ha dejado de ser el dolor tan profundo que noshabía causado a mí y a mis padres para ser el centro de la atención y el cariñode toda la familia, incluyendo a kun, nuestro perro.
Jeremías,nos ha enseñado mucho a pesar de las limitaciones que tiene con su salud,porque además tiene otros problemitas. Nosotros comprendimos que lo esencial esinvisible a los ojos, pues su esencia de amor permanente está en su corazón yen las diarias ganas de hacer cosas que tiene. A pesar de que es inquieto y muytravieso y que hace berrinches cuando papá se va a trabajar y no lo lleva a daruna vuelta en el auto o cuando yo o mamá no hacemos tiempo para llevarlo a dar una vueltita en lamoto o mi novio en su moto.
Creofirmemente, que el amor que nos prodigamos en nuestra familia a partir de la felizllegada de nuestro rayo de sol, es simplemente la abreviación de todo cuantonos pasa en el ambiente familiar.
JoséMaría, dame permiso para decirle a Jeremías, que seguro a esta hora debe estardurmiendo, que lo amamos y especialmente yo, que lo amo con todo el corazón yque es un ángel casi perfecto, porque solo le faltan las alas.
Temandamos un fuerte gracias y te deseamos éxito en tu programa.
Buenas noches señor conductor del programa Nuestras horas, don JoséMaría, espero que esté bien. Soy una docente del medio y quisiera opinar sobrela carta enviada por la adolescente que firma Daiana P:, respecto de su comentariosobre la facilitación a la deshumanización y falta de comunicación entre laspersonas por el uso del celular.
En efecto, José María, opino que estas situaciones cotidianas que seobservan en la sociedad en su conjunto, no tiene un sector específico sino quese ha visto generalizada en los últimos tiempos. Esa generalización a quedirectamente me refiero, tiene un destinatario, que alcanza también a laspersonas jóvenes y adultas.
Solo basta observar en los distintos lugares donde tenemos oportunidadesde concurrir, que la mayoría de la gente está con el celular encendido,hablando o enviando mensajes. Esos lugares tan disímiles entre sí como puedeser un negocio que el empleado no presta mucha atención cuando uno va a compraro en las oficinas públicas, y no es ajena a esta situación, la misma escuela.
¿Qué nos pasa a los seres humanos que hemos dejado de lado lacomunicación personal?.
Estoy absolutamente convencida que esa manera de dirigirnos la palabradignifica a las personas, pues no hay nada mejor que mirar a los ojos, ver losgestos o escuchar el tono de voz de nuestro interlocutor y que el celular hadejado de lado este valor tan importante para las personas.
Le dejo un saludo y lo felicito por elprograma por cuanto permite indiscutiblemente que los oyentes emitamos unaopinión o se cuenten historias de vida, sin caer en la chatura que nos brindanalgunos programas de radio.
Muchas gracias, una docentechileciteña.
Que tal José María,como estás?, de antemano te agradezco la posibilidad de contar mi historia. Lahe titulado El celular forma parte de nuestras vidas:
Antes el dinkidino, te acordás el famoso perrito virtual?, yo tuve doscuando era chica. Actualmente el celu, nos permite comunicarnos casi al toquecon nuestros amigos o parientes. Ahora este aparato ha pasado a ser parte de lavida cotidiana, sin dudas. Lo práctico que implica poseer este aparatitocualquiera sea el modelo y es mejor si tiene una camarita, láser, etc., etc.,por supuesto. En mi casa hay cuatro y la mayoría de mis amigas y amigos lotienen, por lo tanto, estoy permanentemente comunicada con el resto de latribu. Lo triste es cuando agoto el crédito y empiezo a rogarle a mis papis queme compren una tarjeta. Mi mamá se compró un libro, se llama Pregúntale aPlatón. En semana santa, tuve tiempo para poder hojearlo sin mucho interés. Enuna de sus páginas está escrito más o menos lo siguiente: “Que el desarrollotecnológico ha dado paso a la pérdida de la humanidad, porque los distintosinstrumentos de comunicación que utilizamos para viajar o enviar un fax o unmensaje de texto a lugares tan insólitos, más allá de las limitaciones de lasfallas técnicas por algún motivo lagente se empieza a sentir contrariada y esa misma tecnología facilita laincomunicación personal”. Es cierto totalmente lo que dice el autor del libro LuMarinoff. Fijate que unos días después de leer el libro se me cayó el celularen la escuela, y hasta que logré que me lo repararan, han pasado varios días,como diez días y yo, me sentí totalmente contrariada y como que algo mefaltaba, tanto que creí que me faltaba algo de mi cuerpo. Yo no creo ser laexcepción a las reglas de dormir junto con el celular, de esas que nosdespertamos a cualquier hora de la noche y lo primero que atinamos es encenderel celular para ver si tenemos un mensaje de texto o si alguien nos dejó uncorreo de voz, o talvez si tengo alguna llamada perdida, o cuando estamosincluso en la mesa comiendo en familia, ni que decir cuando vamos a algún lugaro hasta en el mismo boliche, es decir incorporar al celular como el fielcompañero.
En esos días que no tuve miaparatito, me senté con mis amigotas en la plaza, y abrí los ojos. Me dí cuentaque los seres humanos estamos deshumanizados, incomunicados por el celular.Todos o casi todos embobados mirando la pantalla. Es más yo me aburrí con misamigas por no poder participar directamente de una suerte de maratón decelulares por enviar mensajes. Más, queví un grupo de chicos que venían caminando por una de las diagonales y todoscon sus celulares, tan tontos me parecieron, que entre ellos no se hablaban.
Sabes José María que me pregunto a donde ha quedado el valor de laamistad a través de la comunicación personal si estamos todo el tiempo ocupadosen mandarnos mensajes, intercambiando tonos o fotos o si no tenemos créditos,jugando a los jueguitos?.
Estoy preparándome para limitar el horariode tener prendido mi aparatito porque quiero conversar de nuestras cosas conmis amigas y también hablar con mi hermana y mis padres. No está mal, verdad?Te cuento que tengo 16 años y estoy en la secundaria. Te mando abrazos y besosy espero conocerte personalmente. Ah, no sé si pedirte que me dejes hacercontactos con más chicos de mi edad para hacer mucha amistad entre nosotros víamail.
Daiana P.
Emitido Programa 14/5/2.006.
Hola José Maria, quiero contarte una historia, puede ser? Por asuntos personales y durante varias tardes, he tenido que estacionar el auto en la calle que corre detrás de la iglesia de acá de Chilecito. Varias veces tuve que esperar en ese lugar a la persona con quien tenía que juntarme. Por esa razón he sido un convidado en la observación de la conversación de tres mendigos que están viviendo junto a la muralla del fondo de la iglesia, entre cartones, chapas y colchones viejos. Estas tres personas, a veces había dos, se los veía conversar animadamente entre ellos. Juntos se reían y opinaban uno a la vez. Nunca escuche cual ha sido el contenido de la conversación ni tampoco me interese por saber de que hablaban.
Créeme José Maria, que nunca había sido un convidado a una escena tan particular. Mucho no me preocupaba por la observación de las actitudes de las personas. Me causo mucha curiosidad la forma en que se dirigían la palabra y el respetuoso silencio que uno hacia a la palabra del otro.
Yo tengo un nivel de instrucción que considero o mejor dicho consideraba lo suficientemente alto.
José Maria, quiero comentarte, que estas tres personas me han enseñado el respeto por el silencio y la palabra del otro y es algo que nos falta a todos nosotros en nuestra propia casa. Fíjate que muchas veces, hablamos sin escucharnos y eso hace que la opinión del otro no tenga el mínimo sentido.
A partir de ese día, comencé a encontrar otro sentido y el valor a las cosas de los demás y ojala quienes estén escuchando tu programa, puedan compartir conmigo esta opinión creada a partir de observar la conversación de tres personas a quienes cuando los vemos todos los días en la calle no le prestamos la mínima importancia.
Te felicito por el contenido del programa y suerte.
Eduardo, barrio Catedral.
Emitido Programa 7/5/2.006..
Hola José Maria, quiero contarte mi historia.
Hoy tengo 39 años y una bella hija de cuatro. Con el papá de mi nena nos conocimos en un boliche de acá de Chilecito. Después de ser novios por más de seis años, yo quedé embarazada. Cuando mi pancita crecía y también la ilusión de que en un mes más iba a ser mamá, él dejó de verme y como decimos vulgarmente nuestra relación se cortó, a tal punto que hasta el día de hoy, no me saluda ni nunca fue a ver a su hija. Por cierto que después de la ruptura de nuestro noviazgo he tenido las reacciones lógicas de esos momentos tan dolorosos, pero por suerte contaba con el apoyo de mis padres y de mis amigos. En especial de uno de ellos, lo voy a llamar Patricio, solo por decirte un nombre. Tiempo después de que nació mi nena, mi amigo siguió visitándome en mi casa. José María, nunca me voy a olvidar que un día de esos, él me propuso reconocer a la nena como su hija y que nos fuéramos a vivir a la casa que estaba terminando de construir.
Fue un momento confuso y violento para mí, sin darme cuenta que mis reiteradas negativas a sus intenciones no eran más que un acto egoísta de mi parte. Tengo que confesarte que él insistió por un tiempo largo sobre querer armar la familia que soñaba y que había encontrado en nosotras.
Tan tonta he sido, que no he podido advertir ni tampoco darme cuenta que las intenciones de él eran buenas.
Pero claro, más valor ha tenido el pensar que yo iba a estar al lado de un hombre a quien quería como amigo que ver el futuro de mi hija con un padre, además creía que el verdadero padre iba a arrimarse para al menos conocer a su hija.
Patricio se fue de Chilecito, y con el tiempo me di cuenta de la realidad y lo equivocada que estuve en aquél momento y la mezquina forma de pensar tan solo por mí, cuando debía anteponer el futuro de mi hija con un hombre a quien conocí como un amigo bueno, comprensivo y muy compañero.
Te felicito por el programa y gracias por dejarme contar mi historia.
Adriana.